A lo largo de la vida, el ser humano experimenta una serie
de cambios o modificaciones que afectan a aparatos, órganos y sistemas; estas
afectaciones son más evidentes conforme
pasa el tiempo. “Estos cambios se manifiestan en la apariencia física (deformación
de articulaciones, flacidez de pechos, calvicie, aparición de arrugas, entre
otros), y en la capacidad de respuesta motriz e intelectual, ya que se produce
una ralentización en las funciones nerviosas que afectan a la recepción de
estímulos y a la elaboración y emisión de las respuestas” (Febrer y Soler, 1996: 15).
La imagen del cuerpo de un adulto mayor es la de un cuerpo
cansado, deteriorado, más lento, más torpe y menos bonito que el que se tuvo en
la adolescencia o juventud y que el que se desea conservar para toda la vida.
Pero un cuerpo envejecido es también un cuerpo lleno de sensaciones y
emociones, sentimientos y necesidades. El paso de los años produce
modificaciones tanto internas como externas debidas al proceso natural de
envejecimiento de células, tejidos y órganos. Pero no son estas modificaciones
sino la forma de interiorizarlas lo que determina cómo vive y siente su cuerpo
el anciano. Es necesario asumir estas transformaciones que sufre el cuerpo al
llegar a la vejez como un momento evolutivo y madurativo más, en el devenir de
la vida. Esas modificaciones aun siendo siempre negativas, no son inutilizantes
e instan a buscar nuevas formas de utilización del cuerpo, para llevar una vida
acorde con las necesidades y requerimientos del momento presente.
Actualmente hay
diversas teorías unas basadas en los procesos orgánicos y otras en la genética,
que intentan explicar satisfactoriamente el envejecimiento según recogen
Salgado, Guillén y Díaz (1986).
Entre ellas destacan:
Teoría Auto inmunológica: Definida inicialmente por Waldfora
(1969) y desarrollada por Burnet y Makinodan. Citados por Salgado, Guillén y
Díaz (1986: 17) “con el descenso de la inmuno competencia se producirán
respuestas contra las propias células y estas reacciones antígeno, anticuerpos,
serían el inicio de acciones en cadena conducentes a la muerte celular”. Claramente
evidencia una respuesta del propio cuerpo contra sí mismo, con el trascurrir
del tiempo; donde las células se destruyen, o en otras palabras la respuesta
del aparato inmunológico contra sí mismo y su cuerpo celular hasta llevar a la
muerte del mismo cuerpo.
Teoría de los Radicales Libres: cuyo principal exponente es
Harman (1971: 17) y en la que ha trabajado el español Jaime Miguel en Estados
Unidos. Los radicales libres se producen en función del consumo de oxígeno, por
lo cual su presencia es habitual en los tejidos del organismo; contiene un
electrón impar y son altamente radioactivos. Se supone que podrían lesionar las
proteínas estructurales o el propio ADN celular, produciendo daños
irreversibles, que incluso afectarían a la membrana celular”.
Para
entender un poco el funcionamiento de los radicales libres, es necesario
mencionar que el cuerpo humano está compuesto por diferentes células, que a su
vez están compuestas de diferentes moléculas. En resumen esas moléculas constan de átomos que se unen
por enlaces químicos. El átomo tiene protones (cargados positivamente) y
electrones (cargados negativamente) que orbitan alrededor del átomo. Estos
electrones pueden compartirse con otros átomos para conseguir la máxima
estabilidad. Cuando estos enlaces se unen débilmente (donde queda un electrón
sin pareja), se forma el radical libre. Estos radicales libres son muy
inestables, por lo que reaccionan con facilidad para encontrar el electrón
necesario para lograr su estabilidad. Si roban un electrón a otra molécula,
esta quedará inestable y se convertirá en un radical libre también. De esta
forma se realiza una cascada de radicales libres, hasta que irrumpen con una
célula viva.
Los
radicales libres se forman en muchos procesos del cuerpo, por ejemplo por el
metabolismo o por el sistema inmune para atacar virus y bacterias. Sin embargo,
existen factores ambientales (contaminación, cigarrillo, mala alimentación) que
aumenta la dosis de radicales libres que hay en nuestro cuerpo. El cuerpo
maneja los radicales libres que se producen de forma natural, pero si la
producción de los mismos es excesiva, se producen daños en el cuerpo.
De
acuerdo con esta teoría los radicales libres serían los encargados del
envejecimiento. Personas menos expuestas al exceso de radicales libres
envejecerán más tardíamente. Los radicales libres pueden causar además del
envejecimiento, algunas enfermedades.
Teoría de la Programación Genética: enunciada por Hayflietz
(1965: 17). Según Salgado, Guillén y Díaz (1986), el envejecimiento esta
genéticamente programado, incluso, es posible que existan genes específicos del
envejecimiento, responsables de la cadena de procesos vinculados con este proceso
a partir del momento del nacimiento. Esta programación podría verse afectada
por factores exógenos y endógenos que alterarían la evolución prevista. Por
tanto la longevidad máxima de una persona nunca podría ser superior a la
programada pero aumenta la esperanza a la posibilidad de intervenir los
mecanismos que afectan desfavorablemente su desarrollo.
Teoría del Reloj Mitótico: enunciada por Denckla (1977: 18)
partiendo del principio de que el ser uno se forma por la ejecución de un
programa inscrito en los cromosomas, defiende que la especie (para asegurar su
propia continuidad) debe controlar por igual el nacimiento y la muerte. Los
mecanismos que controlan estos fenómenos dirigen la posibilidad de respuesta de
las células a las hormonas de crecimiento. En un momento dado, programado de
antemano, la orden de muerte es enviada a las células (relojes de la muerte).
La vejez y la muerte pueden ser consideradas como las últimas etapas del
desarrollo y de la diferenciación.
En
síntesis estas teorías aunque no explican de forma total el proceso de
envejecimiento, sí analizan aspectos parciales del mismo; es decir que cada
teoría se centra en un aspecto diferente y esencial del cuerpo humano, que debe
ser tomado en cuenta ya que el cuerpo se compone tanto de aparatos y órganos,
en su forma compleja; como de células, tejidos, neuronas, genes etc. En su
forma estructural. Lo que permiten a cada teoría una mejor comprensión del
fenómeno y hace posible acercarse a las causas del envejecimiento. Además, para
poder comprender las causas del envejecimiento como un proceso individual hay
que tener en cuenta que el envejecimiento es un proceso diferencial.
Para
Febrer y Soler (1996: 18) el proceso diferencial afecta a cada individuo de dos
maneras:
1. En
relación con uno mismo, cada función biológica posee tener un horario propio,
característico de la especie. Por tanto, no necesariamente envejecerá al mismo
ritmo, el aparato locomotor y los órganos sensoriales. Esto permite explicar
porque en la vejez un mismo individuo puede tener grandes problemas para la
marcha y, sin embargo, disponer de una buena visión.
2. En
relación con los demás, el envejecimiento se desencadena de forma particular en
estrecha relación con la historia vital de cada individuo. Se envejece conforme
se ha vivido (alimentación, enfermedades, hábitat, estatus socio-económico y
cultural, relaciones afectivas). Ello explica porque la edad biológica no
mantiene relación con la edad cronológica.
Con la
edad el cuerpo sufre una serie de modificaciones, fruto del proceso de
envejecimiento. Estas modificaciones conllevan una serie de cambios en el
funcionamiento general del organismo. En Guatemala así como en el mundo entero
ninguna persona escapa a algún cambio biológico, si bien el
envejecimiento es diferencial, también significa que tarde o temprano a cada
uno le llega, distinta o indistintamente, pronta o tardíamente, pero en general
los cambios biológicos en la vejez son evidentes.
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